La OMS insta a los gobiernos a adoptar etiquetas frontales en los paquetes para guiar a los consumidores hacia opciones de alimentos más saludables, pero la industria alimentaria sigue siendo resistente a la etiquetación interpretativa.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha enfatizado la necesidad de etiquetas frontales en los envases de alimentos (FOPL) para ayudar a los consumidores a tomar decisiones más informadas sobre su salud. A pesar de la creciente evidencia que muestra la efectividad de estas etiquetas en influir en el comportamiento de compra, solo 43 estados miembros de la OMS han adoptado FOPL, ya sea como medida obligatoria o voluntaria. Esta iniciativa surge en medio de una crisis de salud global impulsada por el aumento del consumo de alimentos procesados altos en sal, azúcar y grasas, lo que contribuye a la obesidad, la diabetes y las enfermedades cardíacas.
Según los datos de la OMS, más de mil millones de personas en todo el mundo viven con obesidad, y se estima que ocho millones de muertes prematuras cada año están relacionadas con problemas de salud relacionados con la dieta. Los gobiernos han luchado por abordar esta epidemia, pero FOPL representa una herramienta política clave para apoyar elecciones más saludables.
Las directrices preliminares de la OMS, iniciadas en 2019 y programadas para su finalización en 2025, fomentan el uso de etiquetas 'interpretativas'. Estas etiquetas proporcionan información nutricional, junto con orientación sobre lo que esos valores significan en términos de salud. Un ejemplo es el sistema NutriScore utilizado en varios países europeos, que clasifica los productos alimenticios de A (saludable) a E (no saludable) según su contenido nutricional.
En contraste, Chile y otros países de América Latina utilizan etiquetas de advertencia más directas, como señales octagonales negras que alertan a los consumidores cuando un producto es alto en azúcar, sal o grasas. Estas advertencias se asemejan a señales de alto, con el objetivo de desalentar el consumo de alimentos poco saludables.
Sin embargo, la industria alimentaria ha resistido en gran medida la implementación de tales etiquetas. En su lugar, las empresas prefieren etiquetas 'no interpretativas' que enumeran las cantidades de nutrientes sin ofrecer orientación sobre cómo interpretarlas, como se ve en Estados Unidos. Lindsey Smith Taillie, experta en etiquetado de alimentos y co-directora del Programa Global de Investigación Alimentaria, señala que si bien las recomendaciones de la OMS son un paso adelante, son relativamente débiles en comparación con sistemas de advertencia más estrictos.
La investigación de Taillie, publicada en 2023, muestra que el sistema de etiquetado integral de Chile, combinado con otras medidas como la restricción de la publicidad dirigida a niños, llevó a reducciones significativas en el consumo de azúcar, sodio y calorías. Esto demuestra el potencial de políticas de etiquetado sólidas para impulsar resultados de salud positivos.
Aunque no hay un consenso global sobre el mejor sistema de etiquetado, la OMS aboga por que los gobiernos adopten un enfoque más estandarizado. Sin embargo, la Alianza Internacional de Alimentos y Bebidas (IFBA), que incluye a grandes empresas como Coca-Cola y Mondelez International, argumenta que si bien FOPL es importante, se necesita precaución al aplicar advertencias de salud a alimentos que se consideran seguros para el consumo.
El Secretario General de la IFBA, Rocco Renaldi, reconoce que las corporaciones globales siguen estándares mínimos, como enumerar nutrientes en la parte posterior de los paquetes, pero señala que los productores locales en países como Nigeria y Pakistán dominan sus mercados, lo que hace que la adopción generalizada de estándares globales sea más compleja.
Renaldi enfatiza que si bien la industria alimentaria generalmente apoya sistemas de etiquetado basados en nutrientes, se opone a enfoques de etiquetado que podrían ser vistos como 'demonizar' ciertos productos. El desafío en el futuro será encontrar un equilibrio entre proporcionar a los consumidores información vital sobre la salud y mantener la equidad en las prácticas de etiquetado.
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